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El motero


Siempre he tenido una fantasía rondando por mi cabeza: me encantan los moteros. Sí, lo reconozco. Y es que ver esos brazos musculosos, tatuados, esa barbita…me chorrean las bragas, Hasta ahora no había tenido la oportunidad de estar con ninguno. Pero hace unos días mi suerte cambió. Por fortuna para mí. Porque fue una de las mejores experiencias de mi vida.

Estoy veraneando en un pueblo costero. Estoy viviendo en una zona residencial con mis padres. Es una pequeña urbanización dónde somos más de cien vecinos. Pero hay uno de ellos que me llama la atención sobre los demás. Lo habéis adivinado, sí: es motero.

Y además tiene una moto preciosa: una Harley. Pero eso no es todo, porque el chico es un verdadero bombón. Es un tío súper atractivo. Está muy cachas, tiene los brazos muy tatuados,… En definitiva: que me pone malísima. Y la verdad es que me mira bastante. Algunas veces que nos hemos cruzado siempre me ha sonreído.

El otro día su sonrisa fue más allá y habló conmigo. Me comentó que si me gustaba su moto. Yo le dije que me encantaba y allí estuvimos hablando un poco de mi pasión por el mundo de las dos ruedas. Era un tío majísimo y cuando me invitó a subir en su moto y dar una vuelta con él acepté encantada.

Cuando llegamos de dar una vuelta me dijo que lo mejor después de dar una vuelta con una moto es tomar una cerveza bien fresquita. Y que él en casa tenía cervezas en la nevera. Me hice un poquillo la estrecha antes de aceptar, aunque en realidad me estaba muriendo de ganas de ir a su casa.
No llegamos a tomárnoslas. Nada más cerrar la puerta se abalanzó sobre mí como un poseso y empezó  a besarme con muchísima fuerza. Me estaba aprisionando sobre la puerta, mientras su cuello mordía mi cuello y sus manos bajaban por debajo de mi falda. Yo por supuesto las abrí bien para demostrarle que estaba deseando que me acariciara todo.

Allí estaba el motero mordiéndome el cuello y besándome con pasión mientras una de sus manos masajeaba mis tetas y la otra acariciaba mi clítoris. Estaba chorreando. Él lo notaba y eso le ponía aún más.

Pronto no pude reprimir mis instintos, le bajé el pantalón, me arrodillé delante de él y comencé a comerle la polla como una posesa. Tenía un pollón enorme. No me cabía entero en la boca pero yo me lo metía todo lo que podía mientras mis manos acariciaban sus huevos y jugaban con su ano. Él gemía de gusto con sus ojos cerrados mientras estaba apoyado en la pared.

El motero 2