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Follando en clase -> Follando en clase 3


Cuando se recupera del orgasmo, me sigue mirando con una cara de perra que me pone aún más cachondo. Así le digo que se tumbe encime de la mesa del profesor. Tengo ganas de hacer realidad una de las fantasías que siempre me han rondado con ella por la cabeza. Así nos subimos los dos encima de la mesa y me la empiezo a follar allí encima.

Mis embestidas son brutales, pero ella aún quiere más. Mientras se la voy metiendo hasta el fondo ella se masajea el clítoris mientras yo le sobo las tetas. Ella no para de decirme que le de más fuerte y yo no hago más que embestirla con fuerza. Sus gemidos son cada vez más altos, está a punto de irse otra vez con mi polla.

Efectivamente se corre otra vez. Su cara se decompone. Su cuerpo tiembla con cada sacudida de placer. Está teniendo un orgasmo brutal. Ella aprieta las piernas como queriendo sentir mi polla aún más.

Cuando deja de gozar, me mira y me dice: “Me estás haciendo sentir maravillas. Ha sido uno de los mejores orgasmos de mi vida. Pero yo también quiero que tengas la mejor corrida de tu vida.” Y sacándose mi polla, me tumba boca arriba y se arrodilla encima mío.
Sus movimientos empezaron suaves, como para acostumbrarse a mi polla. Pero poco a poco fue aumentando el ritmo hasta estar cabalgando encime mío como si mi polla fuera un potro salvaje. Su vagina engullía mi polla una y ora vez, cada vez más fuerte y las golpes de nuestras caderas eran brutales. Pero me estaba encantando sentirla tan fuera de sí.

No podía resistirlo más. Sus embestidas y sus jadeos me estaban haciendo perder la razón. Mi polla estaba durísima. Lo notaba. Sentía que mi corrida era inminente. Pero ella también lo sintió. Cuando parecía que iba a estallarle dentro ella se sacó la polla y se arrodilló delante de mí mientras seguía haciéndome una paja con las manos.

Su boca estaba abierta de para en para recibir toda mi leche en ella. Y así fue. Mi polla reventó y chorretones de semen llenaron su boca y su rostro mientras ella no perdía la cara de puta y de perra que había tenido durante todo el polvo. Ella se lo había pasado genial. Y yo también. Ha sido el mejor castigo de mi vida. Y creo que a partir de ahora me castigaran más a menudo.

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