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Fantasías en el trabajo -> Fantasías en la oficina


Trabajo en un gabinete de abogados. Llevo algo más de dos años en la empresa.La verdad es que en el gabinete hay muy buen ambiente. Para mí es el paraíso, porque casi todos los miembros de la plantilla eran chicas.

Yo tengo 27 años, estoy bastante bien de físico ya que suelo ir al gimnasio y me encanta tontear. Disfruto ligando con una chica, jugueteando con ella y fantaseando. Y con tanta chica a mi alrededor lo hacía muy a menudo. Cuando no bromeaba con una, tonteaba con la otra. Disfrutaba de mi trabajo, sí.

Pero el otro día la fantasía fue un paso más allá. Cuando llegué por la mañana a mi despacho me encontré una nota en la mesa dónde alguien me invitaba a una cena en un restaurante bastante conocido de la ciudad. La nota decía lo siguiente: “Siempre estás jugando conmigo. Ahora me toca a mí. Si vienes, te aseguro que te lo pasarás muy bien.”

Me quedé bastante sorprendido. No sabía si se trataba de una broma o si realmente iba en serio. Pasé todo el día dándole vueltas a la nota. La parte razonable de mí decía que era una locura, pero mi polla se ponía dura sólo de pensar en el morbazo que me daba la situación. Me dejé llevar por el morbo y fui a la cena.

Cómo ya he dicho, la invitación era para un restaurante conocido en la ciudad. Ya había estado allí alguna vez por asuntos de trabajo. El sitio era acogedor e íntimo, la iluminación y la disposición de las mesas daban un toque íntimo maravilloso y era un lugar muy apreciado, ya que siempre estaba lleno. Anuncié la reserva y me sentaron en una mesa para dos.

Mientras esperaba mi mirada recorría el local intentando distinguir o encontrar una cara conocida en el local. Miraba también hacia la puerta para ver si llegaba mi invitada. El camarero volvió al instante con una copa de mi bebida favorita, un gin-tonic y con una nota que dejó a mi lado. Cuando se retiró la leí y mi sorpresa aumentó. ¡Y mi excitación también!

La nota decía lo siguiente: “Me alegro mucho que hayas venido. Sé que me estás buscando con la mirada, porque te estoy viendo. Sí, te estoy viendo. Estoy en el restaurante, quizás incluso más cerca de lo que piensas. Te deseo. Pero quiero jugar contigo. Si tú también quieres jugar, levántate y ve al baño. Pronto tendrás noticias mías.”

Mi excitación iba en aumento. La situación me estaba encantando, el juego sexual me estaba volviendo loco y quería llegar hasta el final, claro. Pero quién fuera me estaba viendo. Y quería adivinar quién estaba jugando conmigo. Mi mirada recorrió varias veces el lugar. Escudriñe cada una de las caras buscando a mi cómplice. Pero no la encontré. Esto produjo en mí una excitación aún mayor. Cada vez deseaba saber más de ella. Así que me decidí a hacer lo que me había dicho.

Me levanté y fui hacía el baño. Durante el trayecto escudriñe todas las caras de las mesas que me crucé. Nada. Y una idea iluminó mi mente. Quería jugar conmigo, pero me deseaba. Seguramente estaría en el baño esperándome y allí acabaríamos el juego. Pensar en esto provocó me puso muy cachondo y cuando entré en el baño mi polla estaba dura cómo una piedra.

Entré en el aseo, la busqué por todas partes y nada. Allí no había nadie. Cuando me di cuenta de qué, probablemente, ella estaba aprovechando mi ausencia en mi mesa para hacer algo. Así que salí rápidamente del baño hacía mi mesa para descubrirla. Quería encontrarla con las manos en la masa. Efectivamente había aprovechado mi ausencia para dejarme otra pista, porque en mi mesa se encontraba un sobre, pero no había ni rastro de ella.

Había sido más rápido que yo. Abrí el sobre y, cuál fue mi sorpresa al encontrar una tarjeta electrónica con una nota que decía “NH  Gran Vía. Habitación 665. No tardes” Mi polla dio otro respingo. El juego me estaba encantando y me excitaba cada vez más. Fui a pagar mi copa cuando el camarero me avisó: “Su copa ya está pagada. Una señorita muy bella, la misma que me dio la nota para usted lo hizo. Me dijo que se diera usted prisa”. Salí disparado hacía el hotel aún sin saber a quién me encontraría allí.

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