Llegué la habitación 665, abrí la puerta y, por más que intenté encender las luces, éstas no iluminaron la sala. Una voz me mandó entrar y cerrar la puerta. Me dijo que aún no era momento de descubrir quién era y me dio una venda para que me la colocara en los ojos. Me sentía totalmente descolocado sin poder ver, pero pronto sus caricias y sus besos me hicieron olvidarme de esas sensación.
Se había colocado detrás de mí y mientras sus manos recorrías mi pecho, su boca mordía mi cuello y me susurraba cosas al oído. Me decía que llevaba mucho tiempo deseando mi cuerpo. Tenía ganas de follarme y de hacerme suya, pero quería jugar conmigo al igual que yo hacía con ella todos los días. Yo intentaba adivinar a quién pertenecía esa voz extremadamente sensual, pero la excitación de mi miembro debido a todo lo que me estaba haciendo no me dejaba concentrarme.
Mientras su boca besaba y mordía mi cuello y mi oreja, sus manos había ido desendiendo por mi torso hasta llegar hasta mi polla que se encontraba totalmente excitada. Me frotaba la polla con una mano, mientras la otra volteó mi cara para besarme. Mi cómplice tenía unos labios húmedos, muy carnoso que besaban de una forma muy apasionada. Cómo estaba abrazada a mi, en mi espalda podía notar unos pechos grandes y duros. Estaba muy excitado. Sentirme tan vulnerable y saber que ella podría hacer lo que quisiera conmigo me estaba poniendo malísimo.
Mientras me besaba y me sobaba, poco a poco me iba desvistiendo. Mientras lo hacía sus manos me iban acariciando y sus labios me iban besando diferentes partes de mi cuerpo. Cuando estuve totalmente desnudo, se apretó aún más a mí espalda, dejándome sentir sus pechos duros y sus pezones excitadísimos y se deslizó suavemente hasta situarse delante de mí sin dejar de besarme ni sobarme. Su respiración, al igual que la mía, estaba muy excitada.
Cogió mi polla y se la pusó entre los dos piernas. Mi polla estaba rozando todo su coño. Estaba muy mojado, estaba muy excitado. Apretó bien sus piernas para que ambos sintiéramos más y poco a poco comenzó a moverse para aumentar la fricción y el placer.
Cuando notó que mi polla estaba completamente dura, me llevó hasta el borde de la cama y me lanzó sobre ella. Seguí con los ojos vendados, por lo que la sensación de descontrolo fue total, pero pronto ella me hizo recuperar la noción del espacio porque noté sus labios sobre mi capullo. Poco a poco, lentamente, se fue metiendo mi polla en la boca hasta llegar a tragársela entera. Fue incrementando el ritmo hasta que notó que yo empezaba a perder el control. En un instante todo se detuvo. Dejó de chupármela y yo con mis manos intentaba encontrar su cuerpo. Estaba muy excitado. Su voz me dijo que me masturbara, que quería observarme mientras lo hacía, pero que no me corriera.
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