Anoche tuve el mejor sueño de mi vida. Antes de contároslo quiero aclararos un poco cómo soy yo. Soy una chica de 24 años, delgada, bastante guapa y que disfruta del sexo como nadie. Me encanta el sexo. Me gustan mucho las pollas, no lo puedo evitar.
Pero si hay unas pollas que me gustan mucho más que las demás son las pollas de los negros. Esos pollones descomunales que te llenan por completo y que te hacen correrte una y otra vez. Por lo menos eso es lo que he oído porque por desgracia no he podido aún probar. Y digo aún porque tengo que encontrar a un negro que me la clave. Y más después del sueño que he tenido hoy. Os cuento:
En mi sueño aparecía yo no sólo con un negro, sino con cuatro. Eran cuatro tíos tremendísimos de buenos. Cachas, guapos y con unos pollones tremendos. Y allí estaba yo, en medio de todos ellos. Rodeada de esos cuatro portentos físicos, cuatros maravillas de la naturaleza.
Así que me arrodillaba y empezaba a comerme todas las pollas a la vez. Una tras otra, como una auténtica posesa. Tenía la cosa que más me gustaba en el mundo multiplicada por cuatro. Si el cielo existe, estoy seguro que se parece mucho a esto.
Comía una polla tras otra, dos a la vez mientras con ambas manos agarraba las otras dos. Una, otra, hasta la garganta, no podía parar, estaba disfrutando como una loca. Y yo estaba muy perra. Muy cachonda. Mi coñito estaba súper mojado. Y aún no había llegado lo mejor.
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