Llevo cerca de un año trabajando en una oficina. El ambiente es espléndido. Los compañeros siempre estamos bromeando entre nosotros y eso. Desde el primer día se han portado todos muy bien conmigo. Pero hay uno que era más atento que los demás: Pablo.
Pablo se sienta muy cerca de mi mesa. Siempre he visto cómo muchas veces me mira mientras trabajo. Pero no me importa. Es más, me gusta. Pablo es un chico muy atento conmigo, me hace reír cómo nadie y es bastante guapo.
Los ordenadores de nuestra empresa tienen un sistema de comunicación entre ellos por si tenemos que pedir algo a algún compañero que no tengamos que levantarnos. Es una especie de mini Messenger. Pues desde casi la primera semana, Pablo y yo hablábamos tonterías por el Chat.
Hablábamos ce cualquier cosa: cine, música, trabajo,…incluso de sexo. Sí, el sexo surgió con mucha naturalidad en nuestras conversaciones. Y charlábamos de muchos temas sexuales.
Pero pronto nuestras conversaciones fueron subiendo de tono. La verdad es que ya no eran simples conversaciones. Nos decíamos lo que queríamos hacernos. Él me follaba, me comía entera y hacía gozar cibernéticamente. Él siempre quería tener el control sobre mí. Yo era cómo su juguete. Y a mí me encantaba serlo. Era muy morboso su juego. Y sabía perfectamente lo que me gustaba.
Reconozco que me llegué a masturbar mientras leía las maravillas que me escribía. No llegaba a correrme, pero si me acariciaba por debajo de la falda por encima del pantalón hasta casi perder el control. Y sé que él también llegó a pajearse.
Pero ninguno de los dos sacaba esas fantasías fuera de la pantalla. Se quedaban allí, en el ordenador. Hasta que un día un mensaje de Pablo me descolocó. Me decía que esperaba en el baño de chicas. Eso era todo. Y se levantó y se dirigió a los aseos.
Yo estaba flipando. Aunque deseaba follarme a Pablo me parecía una locura hacerlo en el baño. Se que muchas veces lo habíamos hablado. Sé que muchas veces me acuclillaba en el baño y se la comía o me follaba él en el baño agarrándome en brazos, pero eso sólo eran conversaciones de Chat. Nunca pensé realmente cumplirlas.
Guiada más por mi coño que chorreaba de deseo, me dirigí al baño. Entré con cautela y cuando me dirigía a buscarlo, Pablo, que me esperaba detrás de la puerta, me agarró por la espalda y empezó a morderme el cuello mientras sus manos apretaban mis tetas.
Mis pezones endurecieron rápidamente y mi deseo aumentó hasta límites insospechados cuando su otra mano, la que aún no había entrado en acción, se abrió pasó por debajo de mi falda. Pronto empezó a masajearme el clítoris por encime de mi tanga.
Estaba cachondísima. No dejaba hacer nada, me tenía cómo presa. Pero sus manos me estaban haciendo ver las estrellas. Su mano de mi falda pronto se deslizó por debajo de mi tanga y empezó a masajear mi clítoris directamente y a introducir poco a poco sus deditos por mi rajita. Mientras su otra mano masajeaba mis tetas. Estaba gozando de placer. Y esto sólo acaba de empezar.
Sentí cómo me introducía su dedo corazón en mi coño y cómo empezó a moverlo dentro de mí de una forma que nunca nadie había hecho. Pero me estaba encantando. Era tal el grado de excitación que llevaba encima que me corrí sin poder remediarlo. Me corrí de una manera increíble. Nunca nadie me había hecho sentir tanto con tan poco.
Cuando dejé de gemir de placer él me soltó y me mostró cómo se introducía su dedo en la boca. Estaba saboreando todo mi flujo. Esa imagen me estaba poniendo más cachonda aún. Así le agarré de la polla y le dije que yo también quería sentir todo su semen en mi boca.
Pero Pablo ante todo disfrutaba jugando conmigo. Era su juego y todo sería cuándo y cómo él dijera. Así que me dijo que eso tendría que esperar. “El juego no ha hecho más que empezar”.
Se dio la vuelta y salió del baño. Yo estaba muy perra. Deseaba comerle la polla. Me moría de ganas de que me follara. Pero aún estaba más perra porque el juego me encantaba.
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