Siempre había tenido una fantasía. La verdad es que era muy fácil de cumplir pero nunca había tenido ocasión o valor para decírselo a mi mujer. Os cuento.
Vivo en una zona residencial de las afueras de Barcelona. Es una casita no muy grande, pero sí apañadita. Tenemos una piscinita y un jardincito propio que no están nada mal. Pues bien, desde que nos mudamos aquí, hará dos años, siempre he fantaseado con montármelo con mi mujer en el jardín, a plena luz del día.
Sí, como suponéis supongo que será el morbo que me da saber que algún vecino nos puede pillar en plena faena. Pero es que sólo de pensarlo me pongo súper cachondo.
El sábado pasado por fin me atreví. Mi mujer es una chica muy activa, le gusta muchísimo hacer ejercicio. Y la mañana del sábado salió como de costumbre a hacer footing. Cuando la vi irse de casa con sus mini mallas y su top ajustado la polla me dio un respingo.
Y mi mente empezó a fantasear. Empecé a ponerme cachondo pensando en follármela a cuatro patas cuando llegará de hacer deporte. Nos imaginaba en una postura, en otra, aquí, allí,…y tanto fantaseaba que al final estábamos los dos en mi mente follando en el césped.
Y no sé que impulso tuve, pero me decidí a hacerlo. Pensé que la esperaría en el jardín y que cuando llegará le propondría cualquier cosa, jugaría con ella con la intención de acabar montándonoslo cómo dos animales. No sé que cara pondría ella pero yo esperaba que accediera.
Y cuando llegó empecé a tontear con ella. No le dejaba pasar hacia casa, le decía que nos ducháramos juntos en la ducha de la piscina, que estaba súper sexy con la ropa que llevaba y sudadita como venía. Al principio no le hacía mucha gracia, pero poco a poco fue cediendo a mi juego, yo creo que llevada por el deseo.
Y tras un pequeño flirteo y unos cuántos magreos, la empecé a besar con fuerza y la amarré a mí para que notara bien el bulto que tenía debajo de mi pantalón. Estaba súper excitado y la tenía que me iba a reventar en el pantalón. Ella al notar el bulto tan duro se puso excitadísima y perdió el poco control que le quedaba.
Me tiró en el césped y fue cómo una posesa a comerme la polla. Dios, con que deseo y con que pasión me comió la polla. Sus lametones eran brutales y cuando la engullía se la metía hasta el fondo. Notaba como mi capullo rozaba con su garganta. Mi mujer siempre ha tenido el don de poderse meter la polla hasta el fondo. Y eso me encantaba.
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