Siempre he tenido una fantasía erótica que me ha puesto malísima. Mucha gente conoce la teoría de que todos los negros tienen un pollón enorme. Y esa idea siempre me ha rondado por la cabeza. Quería sentir una de esas pollas descomunales. Por desgracia ningún chico con los que he estado a conseguido llenarme del todo, llegarme hasta el fondo de mi cueva.
Aunque es una idea que me rondaba a menudo, tampoco me obsesioné nunca. La verdad es que nunca había tenido la oportunidad de ver realizada mi fantasía. Ni había estado cerca siquiera. Pero eso cambió hace unos meses.
Llevo 4 meses aprendiendo a bailar bailes latinos. Y cualquiera que conozca un poco ese mundo, sabe que hay mucho mulato y algún que otro negrito. En las discotecas de baile latino la gente baila una con otra. Y alguna vez me ha sacado algún mulato, sí, pero la cosa no ha ido más allá del baile. Hasta la otra noche.
Esa noche me sacó a bailar un negrito bastante mono. Esta súper musculoso y baile muy bien. ¡Menea la cadera que da gusto! Lo sé porque lo he visto bailar más de una vez y, aunque nunca lo ha hecho conmigo, siempre he deseado que me sacara a la pista. Y esa noche lo hizo.
Salimos a bailar una salsa. Nos compenetramos bastante bien y me hizo unos pasos muy chulos. La siguiente canción fue otra salsa y empalmamos una con otra, ya que lo estábamos pasando muy bien. La tercera canción que pusieron fue una bachata. Un baile muy sensual, todo hay que decirlo.
Estábamos tan a gusto bailando juntos que también la bailamos. Y ahí empezó lo bueno. El baile es muy sensual y se baila muy pegado. Tanto que notas perfectamente el cuerpo de la otra persona. Y conforme fue avanzando el baile fue notando en su entrepierna un bulto. ¡¡Pero menudo bulto!!
Parece que le estaba gustando bailar conmigo. ¡Y a mí me estaba gustando sentir ese pollón! Así que me apreté aún más contra él para sentirlo bien. Yo exageraba los movimientos porque quería hacer que esa erección continuara y que mi negrito disfrutara.
Cuando estaba apunto de terminar la canción me susurró al oído algo que hizo que casi me corriera de gusto. Me dijo que su polla no podía quedarse así. Que estaba muy cachondo y que se moría de ganas de follarme. Yo le miré cómo escandalizada, aunque en el fondo me gustaba lo que me estaba confesando, y le respondí que sólo con una bachata no iba a conseguir poseerme. Tenía que ganárselo.
Momentos después de decirle eso acabó la bachata y yo me retiré de él para volver con mis amigas. Allí le dejé con una erección enorme y deseando hacerme suya. Tengo que decir que yo también estaba muriéndome de ganas de sentir ese pollón penetrando todo mi coño y que mis bragas chorreaban de gusto. Pero quería hacerle sufrir un poco.
Pasaron unas cuántas canciones, pero a la siguiente bachata que pusieron, vino mi negrito a sacarme a bailar. Yo encantada acepté. No había podido dejar de pensar en su bulto y de imaginarme ese pollón en mi boca.
Empezamos a bailar y comenzó a susurrarme cosas al oído. Me decía todo lo que estaba deseando hacerme: “Quiero que vengas conmigo a mí casa y que bailemos bachatas desnudos. Quiero que sientas toda mi polla en tu pierna mientras bailamos. Quiero que notes cómo se va poniendo cada vez más dura gracias a ti.” Y mientras me decía esto me besaba el cuello, me lo mordisqueaba y me chupaba la oreja. Yo estaba corriéndome de gusto.
“Cuando estés cachonda perdida quiero que te arrodilles delante de mí y que comiences a comerme la polla. Sé que mi polla te va a encantar porque no te la vas a poder meter toda en la boca de lo grande que es y eso te va a aponer muy perra. Sé que estás deseando comerme la polla”
Yo era incapaz de decir nada. Entre sus palabras, mi mente que no dejaba de imaginarse la situación y su lengua que recorría mi oreja, mi coño estaba chorreando deseando sentir su gran pollón.
“Y cuando mi polla esté bien dura, te cogeré, te pondré de espaldas a mí apoyada sobre el sofá y te la meteré a cuatro patas hasta el fondo de u coño. Porque mi pollón va a llegarte hasta el final. Voy a llenarte entera y eso te va a encantar. Nunca has sentido nada igual. ¿Qué me dices? Tengo el coche aquí al lado”
Mi única respuesta fue “Necesito que me folles”, así que me cogió de la mano, me sacó de la pista y fuimos hasta su coche. Pero eso es otra historia que os contaré en otra ocasión.
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