Cómo os decía en el anterior relato, estaba increíblemente perra y deseando meterme esa polla por el coño. ¡Necesitaba sentir ese pollón rompiéndome el coño! Así que empecé a comérsela cómo una loca. Quería que su polla se pusiera otra vez dura cómo una piedra para que pudiera follarme a cuatro patitas cómo me había prometido.
Me moría por sentir esa polla entrando y saliendo de mí mientras me azotaba cómo a una perra. Y no tardó en hacerlo, pues su polla se puso enseguida dura y grande cómo nunca había visto ninguna yo antes. ¡Menuda tranca que tenía mi negrito!
Me volteó, me puso de espaldas a él y así a cuatro patitas empezó a tantear mi coño con su polla. Como ya os he dicho no sería fácil que entrara, era muy gorda. Poco a poco fue jugando con mi rajita hasta que pudo ir introduciendo ese cacho rabo en mí.
Golpeaba su polla contra mi coño como para estimularlo mientas introducía poco a poco su capullo. Me encantaba sentir los golpecitos en mi clítoris. Chorreaba de gusto. Alternaba estas cosas mientras poco a poco me introducía un poco más de su polla.
Cuando me metió todo su enorme capullo en mi raja, lancé un gran grito de gusto. Nunca había tenido algo tan gordo dentro, pero era maravilloso. Poco a poco fue introduciendo ese pollón, cada vez un poco más dentro, cada vez un poco más llena y cada vez gozaba más. Estaba sintiendo cosas maravillosas. Su polla me llenaba entera y me estimulaba todas las partes de mi coño.
Cada vez estaba más lubricada así que poco a poco podía follarme con mayor rapidez. Su polla no me entraba entera, pero me entraba gran parte y me encantaba sentir como me llegaba hasta el fondo de mí. Cada embestida era un placer y no tardé en correrme gritando y gimiendo hasta no poder más.
Me fui un par de veces más con las cabalgadas de mi negrito y con sus azotes. Decidí que ahora le tocaba a él estallar dentro de mí. Así que me saqué su polla, le tumbé en la cama y me dispuse a cabalgarle yo.
Me acuclillé sobre él y poco a poco me fui introduciendo su polla hasta el fondo de mí. Ahora los dos podíamos ver la cara de placer del otro y era maravilloso ver lo que sentía mi negrito mientras me lo follaba. Eso me animó a follarle aún con más fuerza, con lo que empecé a follarle con mucha rapidez.
Conforme me lo follaba él tenía las manos en mis tetas y me las masajeaba. Pero pronto parece que perdió el control de la situación, se dejó ir y se concentró más en mi coño y en su polla. Sus gemidos de placer eran cada vez más fuertes, más altos. Jadeaba de gusto y su gesto de la cara demostraba que estaba apunto de correrse en mí.
La sensación de sentir su polla estallar dentro de mí me puso cachonda perdida. Además, yo estaba también a punto de correrme así que comencé a cabalgarle bestialmente. Le follaba con muchísima fuerza, las embestidas eran brutales y pronto noté cómo todo su calor chorreaba por mi coño.
Esa sensación hizo que yo también me fuera. Otra vez sentí un orgasmo increíble. Y yo ya no sé los que llevaba esa noche. Mi negro me estaba dando la mejor noche de mi vida y mi coño estaba encantado con él.
Sigo bailando bachatas con él. Se sigue poniendo durísimo y más de una vez acabamos el baile en su casa o en la mía. Ya pude cumplir una de mis anheladas fantasías. Ahora tenía otra: ¡¿esa pollón podría entrar en mi culo?! Eso es otra historia que aún no tiene respuesta. ¡Pero seguro que la tendrá!
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